Tan lejos, tan cerca, tan rápido...

Sobre las 8:10h de la mañana sonaba el despertador, interrumpiendo un velado sueño que pude conciliar sobre las indeseables 4:00h de la madrugada.

No siendo demasiado tarde, sin embargo, mi cabeza tenía la misma tensión histérica como la que te vacía el seso cuando no llegas a tiempo a un compromiso. Preparando la ropa me doy cuenta de que... ¡tengo que planchar la camisa! Primer insulto del día (al aire) y primera pista sobre lo que iba a venir: Una larga jornada.


El americano ya estaba tomando café cuando lo llamo para ver si la furgoneta la lleva él o yo. Mi café estaba haciéndose, mientras limpiaba los zapat
os (ya acabé de planchar la camisa) y repasaba mentalmente mi agenda, y materialmente mis apuntes. No falta nada. Increíble, pero cierto. No falta nada.

Y ahora llega el momento de la verdad: Tengo que comprobar si está puesto el suplemento frontal del escenario. Sabía que esto iba a ser lo peor, que iba a ser lo que nos retrasara todo, lo que nos descolocara, lo que nos hiciera fracasar, tirar a la basura e
stos dos meses de trabajo.
Pero no. Resulta que Jose Marín y Galán están con el camión en la bocana de las Ruinas de San Francisco, ya están puestas las patas y faltan unos ajustes nada más. El Ayuntamiento no nos ha fallado (gracias por todo, Lola). Y son aún... ¡las 9:15h! Increíbl
e, pero nuevamente cierto.
Cargamos, descargamos, montamos... Americano con su
chándal, Méndez con su media sonrisa... Y todos los que allí estábamos, disfrutando muchísimo porque, a la vez que veíamos crecer el escenario, también veíamos que llegábamos con hora. Con adelanto.

Marcado el pasillo de acceso a la tarima, marcadas las secciones
de metal y percusión, los programas sobre los asientos, el escudo de Baeza, las corbatas que faltaban, los obsequios para los oradores...
Sesenta y ocho mil detalles. Pero... (increíble y tal...) Todo en su sitio
.

Y llegan los compañeros. Los chicos, todos a punto. Y las chicas, además de a punto para el trabajo, como los chicos, guapísimas. Todas. De la primera a la última. Y nos ubicamos. Y nos gustamos. Y afinamos un poco. Y en la puerta ya hay gente.


Y aparece el Maestro. Y tocamos Fidelidad. Y todo es distinto. A Joaquín ya se le escapan las primeras lágrimas en ese momento, que lo vi yo. Y a mí también (que no lo vistéis ninguno).

Y se abren las puertas. La gente casi se pega. Increíble, pero cierto. Parecían los San Fermines, con esa máquina de 500Kg con cuernos que sabes que como te coja te apaña, pero con una diferencia: El toro no estaba detrás de la gente, sino delante y es la gente la que lo persigue. Es más: El toro no tenía cuernos, sino flautas, oboe, un corno, un bass clarinet, un bombo de concierto, unos cascabeles...


Y entrevista la TV al Maestro. Y no hay nervios, sino placer. No hay tensión sino concentración. No hay miedo, sino ansia de subir a escena. Y cuando los profesores suben... Se cae el auditorio. Increíble. Bueno, no. Ahora sí empecé a creérmelo.

Hacía tiempo que estas sensaciones no las vivía. Os lo digo en serio, compañeros y compañeras: He tenido la suerte de estar en muchas salas en España y en algún
que otro pais, y desde que hicimos Alexander Nevsky, de Prokofiev, con la OJA en el Manuel de Falla de Granada no recuerdo ese placer artístico que he vivido hoy. En Baeza. En mi casa. Con mi gente.


El concierto es de 9'5 para Matricula de Honor.
Mis caras en los videos lo corroboran: No le quité ojo al Maestro en todo el concierto. Estuve hablándo con él durante todo el tiempo. Compartiendo los crescendos, las modulaciones, los cambios de color, las frases y las contestaciones, las respiraciones... Con mis compañeros de cuerda (que son mejores que yo). Y por supuesto, con el público.


Y tras recibir la felicitación sincera de TODO el mundo, nos vamos a compartir esa alegría. No sin antes, como me temía desde hace dias, haber visto llorar como una magdalena al americano, a Pope, a Cecilio... No sin antes haber dado mil besos y abrazos a TODO el mundo.


Buena comida, buen ambiente. Buen rollo (buen jamón). Alegría, satisfacción compartida, pleno placer por el trabajo bien hecho.

Y cuando nos quedamos los últimos, los más sinvergüenzas, entre los que están dos nuevas amigas supercompetentes (hablo de María José y Teresa), que escuchan atentas nuestras mil y una batallitas de juventud y observan, a lo mejor pensando que somos unos mariconasos, que no paramos de darnos abrazos, resulta que nos vamos a casa de Rafa, al Oxford, donde... ¡Sorpresa! Hay una grabación del concierto donde, por fin, realmente, toda duda cabe despejada:

La Banda Sinfónica "Ciudad de Baeza" ha nacido el 15 de marzo de 2009, sonando como la mejor de las agrupaciones de su categoría, con unos componentes cuyas caras lo decían todo: La música nos une, la amamos, forma parte de nuestras vidas y queremos decírselo a todo el mundo.

Un abrazo a todos. Perdonad que me haya extendido tanto, pero es que tras leer las críticas en los foros baezanos, no he podido resistirme.

Un beso, guapos y guapas.

¡Viva la música!

Abdón López. 15 de marzo de 2009
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